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Miércoles, 28 Junio 2017 09:56

Cómo hacer presentaciones excepcionales

Escrito por  Cristina Fernández
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La diferencia entre una buena presentación y una presentación excepcional. 

En el número de junio de Harvard Business Review se publica un artículo de Chris Anderson, comisario de TED, titulado “How to Give a Killer Presentation” (Cómo hacer una presentación excepcional). En este artículo Anderson afirma que el arte de hablar en público se puede dominar con entrenamiento y proporciona una serie de consejos para hacer una buena presentación.

Para demostrar que todos somos capaces de hacer grandes presentaciones con el entrenamiento adecuado, Anderson relata la historia Richard Turere, un chico Masai de 12 años que fue invitado a hablar en la conferencia anual TED y consiguió poner en pie a un auditorio acostumbrado a escuchar a personalidades de la talla de Bill Gates, Sir Ken Robinson o Stephen Hawking.

Cuando Chris Anderson conoció a Richard Turere en 2012 vio en su historia una de las “Ideas que vale la pena difundir” con las que TED está contribuyendo a la difusión del conocimiento a nivel global. Richard, un joven que cuidaba del ganado de su familia en Kenia, había diseñado un sistema de luces para ahuyentar a los leones que mataban su ganado. El invento de Richard pronto se extendió por todo el país, evitando la muerte de muchas cabezas de ganado, así como de leones y otros animales protegidos.

Anderson, aunque consciente de que un muchacho tímido y con un inglés “pobre” no era el típico candidato a dar una charla TED, estaba convencido de que debía ofrecerle dicha oportunidad porque Richard tenía algo interesante y emocionante que decir. Ese es, tal como dice Anderson, el primer requisito de una buena presentación: tener algo de lo que merezca la pena hablar, algo que merezca la pena compartir. Así, Richard fue invitado a hablar en la conferencia TED de 2013 y en los meses previos le ayudaron a prepararse para hacerlo. Le ayudaron con su inglés, así como a dar forma a su historia (en qué punto comenzar su narración y cómo desarrollarla de forma lógica y sucinta). Este es el resultado:

 

La preparación que recibió Richard fue sin duda decisiva para el éxito de su charla, pero esta no habría sido excepcional sin la pasión de Richard por lo que había hecho, sin su emoción por lo que había conseguido. Con una preparación adecuada, todos podemos hacer una buena presentación. Si, además, aquello sobre lo que hablamos nos emociona y apasiona, nuestra presentación será excepcional.

Esta pasión por lo que uno hace y la emoción de compartirlo está también presente en la que es, hasta el momento, una de mis charlas TED favoritas. Esta charla se titula “The Art of Asking” (El arte de pedir) y fue dada en febrero de 2013 por la artista Amanda Palmer. En ella, Amanda – tras haber recaudado 1.2 millones de dólares para un proyecto musical por medio de una iniciativa de crowdfunding – habla de la generosidad de la gente y de cómo estamos dispuestos a dar si se nos pide de forma adecuada. Lo que me encanta de esta charla no es lo que Amanda consiguió con el crowdfunding, ni saber que hay muchísimas personas generosas en el mundo, ni que la charla esté bien estructurada, ni que la oradora haya conseguido dotar a su charla de una naturalidad y frescura que nos hace olvidar el intenso trabajo de preparación que hay detrás de cada charla TED; lo que me encanta de esta charla es que quien la da se emociona en el escenario hablando de algo en lo que cree de verdad. 

Esa emoción es la que nos hace grandes y las ideas en las que ponemos tal emoción suelen ser aquellas que vale la pena difundir.

 

 

 

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